Cuando escribí sobre estructuras organizacionales —funcional, divisional, matricial— todas compartían un supuesto tan obvio que nadie lo mencionaba: cada casilla del organigrama es una persona. Crecer en capacidad significaba crecer en nómina; la estructura era, en el fondo, un mapa de salarios.
Ese supuesto acaba de romperse. Y con él, la relación histórica entre tamaño y capacidad.
En este artículo: