En 2012 escribí sobre el futuro del diseño cuando los smartphones recién destronaban al navegador de escritorio. Releerlo hoy me recuerda algo: el futuro nunca llega como ciencia ficción —llega como un martes cualquiera, lleno de cosas que dos años antes parecían exageradas y dos años después parecen obvias.
Así que hagamos el ejercicio. No con robots ni hologramas: con una distribuidora mediana de Guayaquil, un martes de 2029, 7:40 de la mañana.