Todos conocimos ese chatbot. El de «no entendí tu pregunta, ¿quieres hablar con un asesor?». El que era, en el fondo, un menú telefónico disfrazado de conversación. Esa generación de bots le hizo más daño a la reputación de la automatización que cualquier escéptico.
Lo que existe hoy es otra especie. Y confundir las dos es la razón por la que muchas empresas siguen descartando la herramienta equivocada.
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